En el colegio, en 3ro y 4to medio, todas estábamos bajo el régimen del IB. Como es internacional, habían ciertos requisitos que cumplir para rendir los exámenes (que yo no hice). En Biología, una gran cantidad de experimentos de laboratorio, en Arte, una croquera muy completa con las fases de tus trabajos, y así, trabajos de investigación con fuentes directas en Historia, y análisis de texto para Castellano.
Las pruebas de los libros, iban más allá del contenido, sino de su relación con las corrientes narrativas y otros textos. Era bastante intensivo. Los análisis de texto apuntaban a desmembrar un apartado, o cuento corto y sacarle sus intenciones ocultas (o ni tan ocultas). Estos solían ser de tarea, así que por eso encontré la copia escrita.
Así que los dejo con uno, que me ha sorprendido, pues ni me acordaba.

Corazones inmaduros, de mi flickr
Debe ser del 2001:
"El fragmento que se analizará a continuación pertenece a la obra "El peso de los años" de Luis M. Fuentes. Autor español, descubrió su pasión por la literatura hace solo cinco años escribiendo artículos en un diario local. Luego de colaborar en diferentes diarios su fama periodística creció para que recientemente recibiera un premio a su honor. De su rama narrativa destaca este relato que, con gran confluencia y soltura, logra envolver al lector en una atmósfera reconocible. Es un autor absolutamente contemporáneo de la corriente superrealista, que narra la constante búsqueda y caída del amor.
A pesar de lo breve del relato, se destacan nueve apartados. De entre ellos el primero destaca por su concisa y certera declaración: "el recuerdo de los amores pasados no es como el recuerdo de personas, sino que se parece más al recuerdo de un lugar, como un pueblo o una casa" (1-2). Este pensamiento corresponde a Amalia, la protagonista. El sentimiento hacia un lugar, pueblo o casa, suele ser de nostalgia de algo que se desvanece y siempre está en constante cambio. Se tienden a recordar experiencias claras, como imágenes robadas, cuando siempre se pueden encontrar elementos comunes al pasado. Esto difiere de lo que se puede pensar de una persona. Cuanto puede cambiar la apreciación de ella con un solo acto, una acción. Solo esas personas comunes, vulnerables ante cualquier eventualidad. En el momento en que esa persona llega a transformarse en un amor para luego recordarlo, llega de inmediato el sentimiento de melancolía. Un amor perdido, es indudablemente, una caída.
En el segundo apartado se hace una referencia al trabajo de la protagonista, "guardaba las telas y apilaba camisas" (4) en el cuál se encuentra sumisa, esperando la llegada de un cliente. Así, en el esperar, en su soledad, llega a abstraerse en sus pretendientes de joven. Con frases despectivas llega a pensar en los absurdos intentos de galantería de éstos. De pronto surge un nuevo sentimiento: un malestar general, una culpabilidad engendrada. En la búsqueda del amor de pareja, que comienza en su juventud, hubo ciertas caídas que le dañaron el corazón. Aún ahora, que cuenta con más años, no puede olvidar ese sentimiento.
Es entonces cuando recuerda a su primera marca: Fermín. "Siempre le sonó a hombre de presencia invisible" (11). Su apariencia era débil y apremiante de afecto. Pero sus actos por captar la atención de Amalia nunca fueron correspondidos, a pesar de que él siempre la "buscaba en la plaza" (12). En ella aún existía el mismo sentimiento despectivo hacia sus acciones, ya que manifiesta que su saludo parecía una "combinación chocante de reverencia proletaria y saludo de tendero" (14). Esto es claramente una diferenciación estrictamente social entre ella y Fermín, que jamás se quebraría.
Es por ello que en el cuarto apartado, Fermín es el que cae bajo las penurias del amor. Muere, solo, enfermo, sin ánimo, "como una luminaria" (15). Y Amalia, ya que jamás llegó a conocerlo de verdad, puede ser fría como para comparar su pena hacia este hombre con la de una enfermera de guerra. Sin embargo, cada batalla marca la vida de una persona.
Recordando otros amores, en el quinto apartado se nombra a Ramón. Si bien Amalia dice no haber caído bajo los alardes de su fuerza y musculatura, reconoce haber sentido una gran pasión reprimida al verlo, sudoroso y furioso. Amalia resulta ofensiva hacia quien luego habría resultado su esposa "una mujerona de granja" (22) y de la forma en la cuál mantendrían a sus niños, tal como ganado. Eso pasión interna aún movía sus entrañas.
Miguel también es recordado. Tan sólo porque reprimió sus deseos de hablarle. Tan sólo porque intentó buscarla y cayó en el pozo de la indiferencia.
Es entonces cuando finalmente se habla de Alberto. Fue con él quien se casó. Un hombre normal, por sobre todo. Que no destaca, pero llega a ser rebasado en su mediocridad. Hace promesas concretas, de felicidades inmediatas. Habla de mentiras vanas e discretas, e intenta seducirla ante la falsa propuesta de ser un gran hombre " fumaba unos puros excesivos, como de empresario teatral"(29). Una triste marioneta que intenta ser el hombre perfecto ante quien ya no siente ni compasión, ni pasión.
Amalia no cae en el engaño. Sabe que no le ama. Es por ello que es por resignación que acepta su propuesta de matrimonio. Su vida se volvió una lastimera rutina, sobrellevada solo por la comodidad. Es sólo ahora cuando se descubre la edad de la mujer, cincuenta maduros años. Además tiene una hija y un nieto de tan solo cuatro años. Es así como en medio de sus divagaciones termina su trabajo. Al volver a su casa no es capaz de enfrentar sus miedos ante su esposo: la soledad y el desencantamiento.
En el último apartado, renace la esperanza de la búsqueda del amor verdadero al afirmar que se encuentra triste por que "esa tarde no había visto a aquel hombre." (42)
En el extracto de "El peso de los años" se hace un breve recuento de lo que fue la vida amorosa de Amelia. Ella descubre que aún a los cincuenta no a amado a nadie en toda su vida y solo ahora sueña con alguien en su mente. Si bien ella no pudo amar, los que la amaron siempre la buscaron para no encontrarla y caer en la sumisión del rechazo. Murieron; abandonados, deshumanizados, ignorados en su existencia y en su búsqueda de amor, lo que en el fondo es la búsqueda a la felicidad pura. Todo hombre quiere ser feliz y muchos lo buscan a través del amor, pero en el momento en que no es correspondido, el letargo de la depresión provocará la caída del hombre no lo suficientemente fuerte como para subsistir en su esencia."
Mal por Amalia, ah? Y mal por los chicos. Es que la felicidad no debiese ser esperada de otras personas, sino que debiese nacer de uno mismo. Sino es donde uno cae en la desesperanza y la desilusión. Lo bonito del amor es que puedes compartir esa felicidad interna con alguien. (Y si surgen problemas la buscan juntos otra vez).
Así que...
¡No a los caparazones!
(interesante palabra, si uno la re-piensa)

hmmm... nadie ha comentado en esta...
me pregunto si estarán de acuerdo...
o les habrá dado lata leerlo?
probablemente
ajajaja
amoramor... ¿alguien tiene verdades?